A tono con las tendencias liberadoras del comercio, se ha colocado en el debate, en muchos países, especialmente en el movimiento feminista, el asunto de la liberalización del comercio sexual, el mismo que, por estar estrechamente vinculado a las desigualdades de género y hasta a la trata de seres humanos, suscita distintos puntos de vista y polémicas. El artículo que presentamos a continuación aporta distintos elementos de reflexión sobre el tema.
Hay que reconocer que vivimos en régimen de patriarcado intensivo, en una época en la cual se considera normal que los hombres puedan satisfacerse sexualmente, en todo momento y en cualquier parte, mientras paguen por comprar el cuerpo de una mujer, una niña/o y, a veces, otro hombre. Es como si la mitad de la humanidad debería hacerse cada vez más disponible para satisfacer los deseos de la otra mitad. Y lo peor de esta historia es que hay mujeres que, a nombre del feminismo, acuden en defensa de esta nueva esclavitud moderna y mundializada.
Yolande Geadah en su libro ¿La Prostitución una profesión como cualquier otra? (1), -cuyos contenidos son los sintetizados en este artículo-, desenmascara la demagogia y los intereses individuales que se esconden tras las tomas de posición por descriminalizar no solo a las prostitutas sino también al proxenetismo y a los clientes, reconociendo a estos compradores de carne humana el derecho de pagar por el cuerpo de una mujer cuando les parezca. Pues, la prostitución de mujeres y niñas representa más del noventa por ciento de la ejecución de ésta en el mundo.
De allí la importancia de enfatizar en las dimensiones humanas, sociales, políticas, y éticas de la prostitución, y ubicar la cuestión en el contexto de la globalización en el cual se inscribe hoy. Pues, que estemos o no de acuerdo en reconocer a la prostitución como un trabajo, es imposible, ignorar las reivindicaciones que resultan de esta corriente, más aún si conciernen a un grupo socialmente relegado y mayoritariamente compuesto por mujeres.
La globalización de la prostitución
La mundialización del proxenetismo y del tráfico sexual constituyen hoy la principal característica de la prostitución. Se trata fundamentalmente de una explotación sexual que afecta, de mil y un maneras, a la integridad física y mental de las personas involucradas, que actúen éstas bajo "consentimiento" o no.
Las cifras de las Naciones Unidas son elocuentes: cerca de 4 millones de personas, en su mayoría mujeres y niñas, pero cada vez más también hombres jóvenes, son objeto del tráfico que se realiza todos los años en el mundo. Según UNICEF, la cantidad de niños, pero sobre todo de niñas, víctimas de explotación sexual aumenta en un millón por año. En los Estados Unidos, entre 244.000 y 325.000 mujeres jóvenes, muchas veces menores, son víctimas de tráfico, mientras en Canadá, se estima en unas 8.000 a 16.000 por año.
No queda duda que ahora entre el 76% y el 100% de las empresas del sexo son controladas, financiadas o sostenidas por el crimen organizado. Según Naciones Unidas, en 1990, el tráfico de mujeres y niños/as ha generado entre 1.2 a 2 millones de euros, mientras que en el año 2000, ha reportado de 8 a 9 millardos de euros. Por otro lado, cifras de la Interpol revelan que una prostituta reporta anualmente a su proxeneta un promedio de unos 108.000 euros. Según expertos europeos, el tráfico de mujeres y niñas/os reporta actualmente más que aquel de las armas y de la droga, puesto que una arma solo puede ser vendida una vez, mientras una mujer es vendida muchas veces.
La cadena de la explotación sexual comprende desde el reclutamiento activo de mujeres en el país de origen hasta la gestión de los establecimientos de sexo en los países de destino y reposa, en gran parte, en las relaciones étnicas y culturales que facilitan el tráfico. Los principales modos de reclutamiento son: el secuestro o la venta de niñas/os; el engaño o el reclutamiento sutil por intermedio de promesas de empleo en el extranjero; la utilización de agencias de encuentros o matrimoniales por parte de las redes de traficantes.
Compradas y vendidas repetidas veces por los proxenetas, que confiscan sus documentos y las desplazan a su voluntad de un establecimiento a otro, estas jóvenes muchas veces ni siquiera saben en donde se encuentran. Creyendo viajar a trabajar como domésticas en París, ellas pueden encontrarse en Nice, Ámsterdam o Estrasburgo, obligadas a hacer enganche en las veredas o a pringar en burdeles obscuros, obligadas a veces a hacer entre 15 y 30 pases por día para reportar la suma exigida por los proxenetas, sin lo cual ellas son violentadas.
El turismo sexual
Este es la otra cara de la medalla del tráfico sexual. Pues mientras que en el caso del tráfico se trata de "exportar" mujeres y niñas/os, desde los países pobres hacia los países ricos, con fines de explotación sexual, en el caso del turismo sexual, son los "consumidores" que se desplazan desde los países ricos hacia los países pobres. De cada 60 dólares gastados en el turismo sexual, se estima que apenas 10 llegan a las mujeres. El tráfico y su otra cara el turismo sexual constituyen otra de las maneras que utilizan los ricos para explotar sin límites los recursos humanos de los países pobres.
A pesar de que existen algunas variantes en las condiciones de la prostitución y el tráfico sexual, es difícil, afirma Geadah, de negar que estamos en presencia de un mismo sistema de explotación, basado en las desigualdades y la dominación. Se trata de una violación permanente a la integridad física y mental de las personas prostituidas, que actúen o no bajo "consentimiento", como lo estipula el Protocolo adicional del 2000, de la Convención de Naciones Unidas que reprime la trata de seres humanos.
La desregulación del mercado del sexo releva de una concepción neoliberal, que ha hecho de la privatización y la desregulación su credo, en suma, quienes preconizan la no intervención del Estado, dejando al libre mercado el cuidado de, pretendidamente, regular los problemas sociales. ¿No hay incoherencia en los argumentos de ciertas militantes pro-liberalización de la prostitución que promueven, por un lado, esta postura y se oponen, por otro, a la mundialización de los mercados?
La estigmatización de las personas prostituidas
El movimiento por la liberalización de la prostitución pretende que tal reforma permitiría erradicar la estigmatización hacia las prostitutas, mientras que Geadah sostiene que ésta hará socialmente aceptable su explotación y echará a perder decenios de esfuerzos a favor de la promoción de los derechos de las mujeres. El debate sobre la prostitución lleva a plantear una opción de sociedad que exige establecer una distinción entre las opciones individuales y las opciones colectivas, que son reforzadas por políticas públicas.
Los movimientos por el reconocimiento legal de la prostitución se inscriben, según Geadah, en la corriente post-moderna según la cual todos los fenómenos se explican desde la perspectiva individual de las personas implicadas. En esta óptica, la prostitución aparece como una opción individual legítima, e incluso como una forma de resistencia y de emancipación, porque está en ruptura con el modelo dominante, conyugal y reproductivo, y permite además de adquirir autonomía financiera.
Esta visión de las cosas oculta completamente el atentado a la dignidad e integridad de las mujeres y se ilusiona suponiendo que sería suficiente reconocer a la prostitución como una actividad económica legítima, para arreglar los problemas de violencia y las restricciones vinculadas a su ejercicio.
Según esta lógica postmoderna, no se debería legislar sobre nada, porque eso afectaría necesariamente la libertad de los individuos que piensan de otro modo, como es el caso de los partidarios/as de la descriminalización total. En otras palabras, hay que proteger a todo precio esta actividad lucrativa y los intereses de quienes se benefician con esto, sin considerar que esta actividad destruye las vidas de miles de otras mujeres y niñas/os en el mundo.
Por eso, hay que distinguir entre, por un lado, los intereses prácticos, individuales y a corto plazo de un pequeño número de mujeres y, de otra parte, los intereses estratégicos y a largo plazo de todas las mujeres prostitutas y no prostitutas. Los efectos nefastos de la prostitución sólo aparecen a largo plazo, ciertas viven al comienzo una cierta euforia, esperanzadas en la ilusión de un dinero rápidamente ganado y un sentimiento de empoderamiento. Ellas pueden guardar así una imagen positiva de sí mientras que todo el resto contribuye a su fracaso.
(1) Yolande Geadah, La prostitution un métier comme un autre?, Montréal, VLB, 2003
* Síntesis y traducción libre del artículo producido en Sisyphe, mayo 2003, Québec.